Calendario Eventos

martes, 7 de septiembre de 2010

La Duda Metódica


La regla de la evidencia exige aplicar la duda metódicamente, es decir, dudar de todos aquellos conocimientos que poseemos y que no son evidentes. La búsqueda de alguna verdad evidente sobre la que levantar la filosofía, significa, pues, dudar de todos aquellos conocimientos que no sean intuídos con claridad y distinción:

1) Primero hay que dudar de todos aquellos conocimientos que poseemos a través de los
sentidos, pues éstos nos engañan muy a menudo y no es descabellado pensar que en realidad nos engañan constantemente.

2) Que los sentidos sean engañosos permite dudar de que las cosas sean en realidad tal y como las percibimos sensiblemente, pero no permite dudar de que las cosas sean reales, es decir,que existan fuera de mi mente que las percibe. En este punto, Descartes introduce un segundo motivo de duda: cuando soñamos, los objetos soñados se presentan con tanta viveza que los tomamos por reales, y sólo al despertar descubrimos que no existen fuera de nuestra mente soñadora. Del mismo modo, dice Descartes, pudiera ocurrir que nos estemos engañando al creer que las cosas que perciben nuestros sentidos existan realmente fuera de la conciencia; por tanto
no es del todo evidente que este mundo percibido por los sentidos exista en realidad, pues bien pudiera ser un simple sueño nuestro que sólo existe dentro de la conciencia.

3) Ahora bien, que no podamos saber con evidencia si nuestros conocimientos se
refieren a una realidad objetiva existente fuera de nuestro pensamiento o si son solamente algo que no existe más allá de nuestra subjetividad, no permite dudar de la verdad de ciertas ideas matemáticas cuya evidencia no depende de si realmente existe o no el mundo que nos muestran los sentidos, ni de si tiene las cualidades que los sentidos nos muestran. Verdades matemáticas como, por ejemplo, que los tres ángulos de un triángulo suman 180º, parecen absolutamente evidentes con independencia de si estamos despiertos o dormidos. Aquí Descartes introduce un
tercer y último motivo de duda: “Tal vez exista algún genio maligno de extremado
poder e inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error”. Esta hipótesis del “genio maligno” le permite a Descartes extender la duda sobre todos nuestros conocimientos, incluso sobre aquellos que parecen más verdaderos, como son los de las matemáticas, pues viene a decir que, tal vez, nuestro entendimiento es de tal naturaleza que siempre se equivoca cuando cree haber alcanzado alguna verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada